La reciente película de Martin Scorsese, Hugo Cabret, cuenta, entre otras cosas, la historia de un niño huérfano que por circunstancias ajenas a su voluntad se ve obligado a vivir entre las paredes de una gigantesca estación de trenes de París.
Ese espacio constituye su único universo y es ahí en donde su rutina encuentra acomodo, así como la de tantos otros lo encuentra en los corporativos, en las calles, en el hogar, en la familia, etcétera. Pero para Hugo -al menos al principio de la historia- todo se reduce a lo que sucede entre esas paredes: a la florista y al simpático vigilante que la corteja; a la señora que todos los días se sienta afuera de la cafetería con su perro a esperar el amor; al hombre serio y apagado que ve pasar la vida tras el mostrador de una pequeña juguetería; a la niña que le sonríe desde lejos, a la librería, a los trenes que entran y salen de la estación, y los rostros anónimos que suben y bajan de esos vagones.
Lo conmovedor es la manera en la que él, desde su soledad, contempla el esplendoroso París que gira como una gran rueda de la que él es tan sólo un pequeño engranaje. Un mundo enorme e inabarcable del cual, lejos de sentirse excluído, sabe que constituye pieza fundamental para que siga girando. Digamos que esa enormidad le obliga a tomar conciencia del lugar que ocupa dentro de ese mundo y del papel que desde su individualidad debe o debería jugar. "Todos tenemos un propósito en la vida" dice el personaje; "por algo estamos aquí".
Al final, todo aquello que contribuye a configurar su historia, si bien se mira, ya estaba ahí desde el principio, y lo que es mejor, dentro de esa estación de trenes. Todo era cuestión de que, así como en esos libros de iluminar de la infancia, un punto se uniera con el otro para que la imagen adquiriera vida y sentido.
Supongo que a veces es difícil saber dónde encajar cuando la vida se vuelve tan pública y cada hecho por aisaldo que parezca cobra tintes universales. A veces deberíamos ser tan observadores como Hugo, tan capaces como él de encontrar en los detalles de su pequeño mundo la llave que dé sentido a nuestras vidas y nos acerque a esa tabla de salvación para escapar de la vorágine que es el devenir del universo. Todo radica en centrar nuestras ambiciones en hacer lo que nos toca, y no dejarse abrumar por el ruido que tanto nos distrae de las cosas que importan; de esos puntos que sabiéndolos unir, pueden poner en marcha cosas extraordinarias.
Apuntes
miércoles 1 de febrero de 2012
jueves 19 de enero de 2012
LA DIPLOMACIA SEGÚN BALZAC
*"...la diplomacia, ciencia propia de los que no tienen ninguna y cuya hondura reside precisamente en su vacío; ciencia, por lo demás, muy cómoda en tanto que su conocimiento se demuestra mediante el mero ejercicio de sus elevadas funciones; que, al exigir individuos discretos, permite a los ignorantes no decir nada y escudarse en misteriosos meneos de cabeza; y en la que, en definitiva, el mayor experto es el que es capaz de nadar y guardar la ropa en el río de los acontecimientos y aparentar que es él quien los dirige, todo lo cual se reduce, al fin y al cabo, a poseer o no un tipo específico de hábil frivolidad. En ella, como en todas las artes, por cada hombre inteligente hay mil mediocres."
*Fragmento tomado de Las ilusiones perdidas
*Fragmento tomado de Las ilusiones perdidas
martes 17 de enero de 2012
EL VALOR DE UNA FOTO
La película de Everlasting Moments de Jan Troell me ha hecho pensar en el valor que puede llegar a encerrar una imagen, una fotografía, cuando la mirada que separa e individualiza ese instante perdido en el tiempo -condenado a transcurrir y morir- es lo suficientemente sensible a una realidad que a otros se nos escapa; a una realidad paralela y lo suficientemente mágica como para hacernos fantasear con otra existencia que por inaprehensible que sea, es, al menos, suceptible de ser capturada para contemplarla y hacerla plausible en el futuro inmediato.Pero en medio de toda esa resignación de la que no puede escapar, el encuentro fortuito con una cámara fotográfica despierta en ella una sensibilidad adormecida que le abre una ventana a través de la cual puede respirar el aire fresco de la libertad. La fotografía le confiere autonomía a su vida mientras que notoriedad en el círculo en el que se desenvuelve, lo cual también repercute en la auto percepeción de su existencia gris y hasta cierto punto anónima. La mujer cobra conciencia de su potencial y no está dispuesta a darle la espalda a pesar de lo que el marido autoritario tenga que decir al respecto.
Pero la fotografía no es sólo eso, es decir, lo que por sí misma encierra en el presente: distracción, escapatoria, sensibilidad, arte o lo que se prefiera. El valor real y más verdadero -y algo que la protagonista va comprendiendo- es la capacidad que tiene de salvar esos momentos (Everlasting moments) y preservalos de la fugacidad. Cada fotografía se transforma nada más revelada en una memoria, en un recuerdo, en un testimonio mudo que como tal, permite al que lo contempla recrear a su gusto ese tiempo perdido, que, como todo pasado, es impreciso, aunque no por eso imperfecto.
Hoy, las pretensiones en torno a la fotografía han cambiado tanto que se ha banalizado su intención e irremediablemente su significado. Ya no son tan únicas ni encierran la magia de aquellas primeras imágenes que más que otra cosa buscaban congelar el tiempo. Hoy hay quienes en cambio, pretenden que esos instantes solo sirvan de testimonio de algo, que prueben la existencia de una felicidad tantas veces mentirosa o unidimensional, como la imagen misma. La gente fotografía para avalar sus logros o su alegría frente a los demás, en lugar de hacerlo para rememorar. Además, es paradójico, pero a pesar de que todo se fotografía hoy, poco termina convirtiéndose en foto. Todo es imagen porque casi nada se imprime ya, como en la pelícual de Troell. No había foto hasta no ser revelada.
Pero tal vez en eso radique también el misterio de la foto, su capacidad de aislar el contexto, y a la vez, ese instante que más tarde, con el tiempo, nos permitirá olvidar lo accesorio y dejará ver solo ese rayo de luz que brilló por encima de todo lo demás. De ser así -y puede que así sea- las fotos son también una manera de contarnos nuestra historia y de recomponer nuestro pasado; una manera de enmendarlo, porque todo pasado parece siempre más entrañable a luz del recuerdo y de la memoria.
sábado 14 de enero de 2012
LA MENTIRA DEL IDEALISMO
Es increíble hasta qué punto uno es capaz de idealizar a una persona cuando nuestro tiempo a su lado se ha cumplido, sobre todo cuando el adiós nos ha sido dado y no al revés. Somos muy dados a creer que por alguna misteriosa razón o un giro inesperado-que por lo demás sabemos improbable- a partir de que la distancia ha empezado a mediar entre nosotros todo aquello que no nos gustaba o no nos convencía de ella desaparece y es sustituido por un sin fin de virtudes y cualidades, que por otro lado, sabemos a ciencia cierta no es susceptible de desarrollar.
Sí, el dolor y la añoranza alteran de forma irracional nuestra percepción de la persona y de su entorno, sobre todo cuando hay un tercero de por medio. Nos imaginamos que ella le sonríe diferente, que se arregla distinto para él a como lo hacía para nosotros; que sus modos se han refinado y que en esencia ha dejado de ser quien era. Como si alguien más la hubiera usurpado y mejorado. Pero todas esa visiones son solo fruto de los celos que cubren con su tramposo velo la imagen consabida e inalterable de la persona que en realidad sigue siendo la misma, con sus mismos defectos y sus mismos encantos, con sus mismos recursos y su misma sonrisa que se muestra igual a él a como se mostraba a nuestros ojos. Y con todo, no son solo los celos los responsables de esta ilusión. También lo es, y sobre todo, el deseo insatisfecho de que dicha persona haya sido en nuestro tiempo lo que hubiéramos querido que fuera; y es solo la imposibilidad de seguir comprobando día a día y minuto a minuto que nunca llegará a serlo, lo que nos siembra las dudas de si lo será alguna vez. Y supongo que es esa misma posibilidad ya por siempre vedada a nuestros ojos y a nuestro corazón, lo que nos mantiene en vela e impide nuestro descanso. El temor a que suceda lo que siempre quisimos, solo que ya no para nosotros.
viernes 7 de octubre de 2011
LA HYBRIS
Últimamente me he topado con este antiguo concepto que se rehúsa a perder vigencia.
Carmen Aristegui en su columa de Reforma del 7 de Octubre de 2011, dice:
Javier Marías lo hace así, en su columna de El País Semanal, del 25 de Junio de 2006:
Carmen Aristegui en su columa de Reforma del 7 de Octubre de 2011, dice:
"...Hybris -palabra usada por los griegos para referirse al héroe que al alcanzar la victoria se embriaga de poder y se empieza a ver como un Dios capaz de realizar cualquier cosa."Más adelante cita al político inglés, David Owen, quien se refiere a la insensatez -según Tuchman- como consecuencia del Síndrome de la hybris.
"Una perversa persistencia en una política demostrablemente inviable o contraproducente... La estupidez, la fuente del autoengaño, es un factor que desempeña un papel notablemente grande en el gobierno. Consiste en evaluar una situación en términos de ideas fijas preconcebidas mientras se ignora o rechaza todo signo contrario (...) por lo tanto, la negativa a sacar provecho de la experiencia."La cita de Owen prosigue:
La periodista concluye que aceptar el error para quien padece el Síndrome de la hybris puede resultar insoportable y de ahí el empecinamiento del necio, o soberbio."Una característica de la hybris es la incapacidad para cambiar de dirección porque aquello supondría admitir que se ha cometido un error."
Javier Marías lo hace así, en su columna de El País Semanal, del 25 de Junio de 2006:
"El que tantea y se fía sobre todo de su intución y de su buena estrella, el que empieza a creer que por ser él quien hace las cosas éstas van a salir bien, está condenado a acabar mal, porque lo que le sobreviene a continuación es algo muy antiguo y de nombre también extranjero, la hybris, la antojadiza soberbia que los dioses griegos veían crecer en algunos hombres, con complacencia a veces, y desde luego sin intervenir. Porque sabían que el que se confía es el más fácil de destruir."En ambos casos, periodista y escritor aluden a políticos.
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