EL RITUAL DE LA TINTA (MONTBLANC M)

Hace unos días estrené una Montblanc M, creada por el diseñador australiano Marc Newson para la firma alemana. La pluma se convirtió en objeto de deseo para mí prácticamente desde que la vi en la vitrina por primera vez. Anteriormente había tenido otras plumas fuente (dos para ser exactos. Una Lamy que muy pronto se me estropeó de la punta; y una Kaweco Student, que aún tengo y guardo con cariño. Negras las dos, y ambas de manufactura alemana, igual que la Montblanc) pero ninguna tan elegante, tan fina ni tan pretenciosa en sus formas -todo hay que decirlo- como la M.
Con esta última adquisición creo que va siendo justo admitir que soy propenso a sentir debilidad por estos instrumentos de escritura. Siento un poderoso influjo que emana de ellos. No es solo la belleza del objeto en sí, en cada caso; no es tampoco -o no solo eso- la maravilla del mecanismo, perfecto, que permite que de la punta metálica salga despacio, de a poco, imperceptible, esa sutancia antiquísima y rudimentaria que es la tinta, a la que seguimos debiendo tanto los seres humanos. 
De hecho, creo que en las plumas fuente aprecio más el saberlas vehículo o portadoras de esa sustancia líquida, que como herramientas de escritura per se, aunque de alguna manera sean indisolubles. 
A lo mejor fue por todo esto que sufrí cierta decepción al saber que esta pluma funciona solo con cartuchos desechables. Montblanc no la diseñó para usar el convertidor que -según he indagado- la firma ha destinado solo para uso en las distintas versiones de su modelo clásico Meisterstrück, o en español, pieza maestra; así como en ediciones limitadas y de colección. 
La Kaweco, por muy sencilla que fuera, sí funcionaba con el convertidor. No sé, me había ya acostumbrado a ese ritual de desarmar la pluma, sumergir la punta en el tintero y rellenar el depóstio del convertidor con tinta nueva. Después, limpiar la punta plateada hasta dejarla de nuevo brillante y lista para seguir escribiendo. Todo esto me permitía tener una relación más estrecha con mi pluma, con la tinta. No hay nada de romántico en los cartuchos desechables que además resultan defíciles de conseguir. 
Estuve así, en duelo algunos días, tratando de disfrutar mi escritura pese a la ausencia de convertidor y tinteros. Incluso este texto lo redacté originalmente a mano, con M, solo por el placer de usarla, de reencontrarme con ella. No fue poca cosa  ver cómo a medida que escribía la tinta iba quedando atrás en las palabras, brillando, fresca, en finos relieves que poco a poco iban perdiendo dimensión conforme el papel la absorbía. Vaya que disfruté ver cómo solo después de unos segundos las palabras bidimensionales quedaban finalmente estampadas, ya secas, lisas en el papel.

Unos días más tarde sucedió algo inesperado. Vagaba yo por el Internet cuando se me ocurrió informarme más a fondo sobre mi pluma y todo cuando hubiera detrás de ella (materiales, diseño, versiones, etc...) y descubrí un interesanatísimo video en YouTube hecho por un aficionado explicando todo cuanto pudiera ser dicho sobre esta edición de Montblanc.
En su largo y bien documentado video (que aquí comparto) me enteré que este hombre, en su mismo afán de utilizar la pluma sin cartuchos, había descubierto que el convertidor 8751 para las plumas Cross funcionba bien en el dispositivo de la Montblanc M. Mi alegría fue inmensa. Ya solo era cuestión de conseguir dicho convertidor para entonces sí, sentirme absolutamente pleno con mi adquisición.
Pero el mejor de todos los hallazgos vino apenas unas horas después cuando ya en mi casa se me ocurrió probarle un convertidor Kaweco extra que tenía por ahí, y me di cuenta que embonaba a la perfección. Lo cargué de tinta y lo ajusté para comprobar que no escurriera. No encontré ni una gota fuera de su lugar. Desde entonces mi pluma se ha vuelto mi nueva inseparable. La única disyuntiva es decidir qué tinta utilizar, de entre la enorme variedad que existe en  tinteros no solo de la marca, sino de tantas otras.
En lo que decido, escribo esto con el último cartucho de Mistery Black que me queda. Quizás después opte por el Toffee Brown, un sepia con tintes vintage. Pero aún me quedan unas cuantas palabras para agotar este negro y entonces sí, decidir por fin.

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