LA MEMORIA, UNA FORMA DE FICCIÓN
Por alguna razón que se me escapa
nunca he sido mucho de autores latinoamericanos, pero creo que eso ha
empezado a cambiar y prueba de ello es mi más reciente lectura.
.
Se trata de Cinco versiones de
Adriano, del colombiano Mauricio Bonnett. En realidad haber dado con este libro
fue una de esas apuestas por un autor desconocido que ha tenido un feliz
desenlace, por el cual me siento profundamente agradecido.

Sebastián, el principal narrador
de esta novela -porque hay varios- ha sido abandonado por su mujer; en medio
del ocio y el naufragio tras la pérdida, un día le parece ver pasar frente a la
ventana de su apartamento en Londres, a Adriano, un amigo de la juventud a
quien daba por muerto tras su desaparición bajo extrañas circunstancias, años
atrás.
Intrigado por esta aparición,
Sebastián decide seguir el rastro de este supuesto Adriano sin importarle que
para ello deba, entre otras cosas, desempolvar un incómodo pasado y revisitar
las voces de aquellos amigos de la juventud que puedan darle una pista sobre el
paradero de un personaje que, conforme avanza la novela va desdoblándose en distintas
versiones que demuestran lo poco fiable que es nuestro recuerdo de las cosas, y
lo susceptible es todo capaz de modificarse a través del cuento, la memoria y
la literatura.
Cinco versiones de Adriano es un libro
escrito con audacia que más allá de sus referencias directas recuerda a
Rayuela, de Julio Cortázar, sobre todo por ese grupo de amigos un tanto bohemio
en busca del ideal romántico, legitimado por la bandera de la ingenuidad y
arrogancia de la juventud; y como contra punto, ya algunos años después, el
remordimiento retrospectivo por esa misma juventud; por los sinsabores y decepciones
que les va trayendo la vida adulta, o como dice el narrador: las ilusiones
truncas.
Mauricio Bonnett hunde sus
palabras en lo más profundo de nuestro pensamiento para ponernos a reflexionar
en torno a nuestra imposibilidad de elegir aquello que queremos recordar y olvidar;
en cómo el cerebro a través de sus incomprensibles mecanismos se niega a
concedernos lo uno y lo otro; en cómo él por su propia voluntad crea su propia
mezcla, con el componente adicional de lo no sucedido, lo tan solo maginado o
deseado, para entregarnos un recuerdo falso y mentiroso. Pero después de todo,
y como se cuestiona uno de los personajes, ¿No es la memoria una forma de la
ficción, y no es la ficción una manera de darles cuerpo y textura a los
recuerdos? Y ésta quizás sea la única fórmula que tengamos para construir
nuestro propio pasado, y así mismo, el único camino de tener una realidad y
afianzarnos a ella.
Una novela plagada de verdades
que incomodan, en la que no falta la presencia de alguna mujer convertida en
manzana de la discordia, ni esos extraños e incómodos episodios de la juventud
que sin saberlo iban disolviendo el hilo de la amistad.
Además de la riqueza del lenguaje, la capacidad descriptiva
del autor es de una contundencia que asombra por la crudeza de sus asociaciones
lingüísticas y por la efectivada de transmitir emociones y evocar imágenes que
parecen salirse de su dimensión poética.
Es curioso, Mauricio Bonnett
aborda uno de los temas más socorridos en la Literatura -la memoria y el
tiempo, y miren que de ambos hemos tenido suficiente con Proust, con En busca
del tiempo perdido, y también con Thomas Mann, en la Montaña Mágica. Pero este
autor lo inserta en un escenario actual valiéndose de una trama sencilla pero
que le basta para abordarlo con un enfoque que resulta lo suficientemente
distinto como para dar luz a verdades como esta: “Olvidar y mentir son operaciones
análogas: ambas combaten la evidencia y -en última instancia- la realidad.
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